Resumen
En su informe final a la Asamblea General, la Relatora Especial aboga por un mayor reconocimiento de la mezcla de culturas y el sincretismo respetuosos con los derechos humanos y un mayor respeto por las identidades culturales mixtas, todo lo cual es necesario para el ejercicio de los derechos culturales.
En los últimos años se han impuesto en diversos sectores del espectro político mundial nociones cada vez más monolíticas de cultura e identidad y visiones puristas de las interrelaciones de las diversas culturas, que han sido defendidas por algunos gobiernos. En respuesta, la Relatora Especial pide que se defiendan las concepciones abiertas y múltiples de la cultura y de las relaciones interculturales, los espacios y el patrimonio que respeten plenamente todos los derechos humanos, que se reconozcan las nuevas formas de ser y la diversidad de las diversidades y que se tenga más en cuenta cómo transmitimos las historias de sincretismo y mezcla cultural.
La Relatora Especial recuerda que el sincretismo, o la combinación y fusión de diversos elementos culturales, han sido constantes en la acumulación de dinámicas culturas humanas híbridas a lo largo de la historia, se contrapone a la asimilación y rechaza la homogeneización. La comprensión y el reconocimiento de estos patrones, incluso cuando han surgido de una historia de dominación, desigualdades y violencia, están estrechamente relacionados con la promoción de la convivencia pacífica.
El informe afirma que el derecho a mezclar, tomar prestado, atravesar y fusionar culturas y a participar en prácticas culturales sincréticas es un derecho cultural. En lugar de limitar a las personas asignándolas a estrechas categorías de identidad, un enfoque de derechos humanos y derechos culturales reconoce las diversidades internas de cada persona y su agencia para participar en la exploración y el desarrollo cultural.
