Resumen
En México, arquitecturas de diversas temporalidades se han asentado en los centros históricos; dicho acontecimiento ha sido objeto de superposiciones y agregaciones para adecuarlos a los requerimientos de cada época y son, en ese sentido, un palimpsesto de nuestra historia. La modernidad del siglo xx no fue la excepción. Como paradigma histórico sustituyó al academicismo, al historicismo y al eclecticismo del régimen porfiriano en México, a través de diferentes manifestaciones que se adjudicaron el calificativo de modernas. De modo que, hablar de la irrupción de la arquitectura moderna en los centros históricos del país durante el periodo intermedio del siglo xx es referirnos a la implantación de una huella equivalente a la que dejaron otros paradigmas arquitectónicos, previos o posteriores los cuales fueron la búsqueda de un nuevo camino de desarrollo que amparara las demandas sociales de un nuevo régimen, y que requería consolidarse y legitimarse a través de una arquitectura más económica, más práctica y representativa de los valores identitarios asociados a un México posrevolucionario; una arquitectura laica, nacionalista y regionalista, que reafirmara el compromiso con su historia y el desarrollo autóctono, pero también internacional, que reflejara la creciente inserción del país en la nueva era industrial del mundo moderno. Para ello, contribuyeron arquitectos, ingenieros y urbanistas de primer orden, quienes dejaron una huella inalienable en nuestra cultura urbana en dichos entornos. Así, los centros históricos incorporaron manifestaciones de inspiración hasta la actualidad.
