Abstract
El contenido de este artículo apunta a una revisión de las características ontológicas que en mi criterio tiene este poema, puesto que no se trata de un intento de interpretación que “aclare” algo críptico encontrado en él. Un poema no puede interpretarse ni de la forma semántica ni de la manera lógica, porque se estaría desvirtuando lo que todo poema “señala” en virtud de aquello que puede tener su decir. La referencia hacia “aquello a lo que señala” un poema no es nunca un mensaje por revelarse ni una ganancia de elementos lógico-prácticos, y mucho menos un conocimiento de algo que en formas de moral o reflexión moralista, pudiera ser aplicado en la “realidad” o la “vida”, y sin embargo es verdad que no podemos negar que algo en ella “nos toca”. Si para el poeta alemán Hölderlin los poetas “son aquellos mortales que cantan al dios del vino y sienten el rastro de los dioses huidos, siguiendo ese rastro les dicen a sus compañeros mortales la ruta del cambio”, entonces la poesía es el “itinerario imposible” por seguir del camino. Decimos imposible porque en realidad no hay camino que seguir, sino una inauguración de la ruta, apenas sospechada, por la a-ventura del hombre. Ese camino es sin duda un tránsito erótico, pues si pensamos el Eros como un acto que le dona al ente su esencia, entonces el Eros es la decisión amatoria del recibir de los dioses la iluminación para alumbrar nuestra propia determinación para “hacerlo”.
