Resumen
Las formas en que se organizan los pueblos son parte de su cultura, así lo han reconocido eminentes especialistas en temas patrimoniales, como Guillermo Bonfil. Definir objetivos comunes, convocar voluntades para su logro, unir esfuerzos ordenadamente, dividir tareas, dirigir eficazmente y capitalizar las experiencias, constituyen acervos que forman parte del patrimonio cultural de toda sociedad.
La cultura organizacional actúa como soporte estructural de los proyectos productivos y sociales, propicia el manejo racional de recursos, estimula la innovación y la creación. A su trascendencia como instrumento de productividad y generador de riqueza, debe agregarse su potencial como punto de partida de esquemas gratificantes, participativos y justos.
Los hitos seculares de la multiculturalidad mexicana se han sustentado en formas organizacionales, definidas conforme a su visión, historia y condiciones de los distintos entornos en que se han dado, por ello su estudio es fuente para la definición de cuerpos de conocimientos útiles para imaginar el futuro, conforme a un pasado presente.
La presente publicación enfoca momentos, sucesos y personajes que han determinado la cultura organizacional de México, desde la época prehispánica hasta gratificantes ejemplos actuales que, en diferentes latitudes, refrendan la capacidad y talento organizacional de los mexicanos.
Reconocer la capacidad organizativa y emprendedora, como parte de nuestro patrimonio, nos permite resignificar la relevancia de esta pieza clave de nuestra cultura.
